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La única foto de mi padre con su Falcon (Portada)
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El
auto fue comprado en 1976 con el dinero obtenido del quinto premio de la
rifa mencionada antes. Mi madre fue a retirar el dinero a Córdoba y cuando
volvió decidió darle una sorpresa a mi padre. Si bien mi viejo sabia que
iban a comprar un Falcon con ese dinero no tenia ningún auto en
seleccionado, es más cuando se retiró el dinero del premio él estaba en
Rosario como todas las semanas de viaje para la empresa en la que trabajaba.
Mi madre junto a su hermano (el tío Juan, que trabajaba en una
concesionaria de Oliva) fueron al concesionario Ford de Montironi de
Oncativo a ver algún Falcon, encontraron un Standard 71, impecable y
decidieron comprarlo, pero tuvieron que esperar porque habían quedado
comprometidos con otro posible cliente. El posible cliente no apareció,
entonces mi madre compró el auto, siempre aconsejada por mi tío y decidió
llevar el auto a nuestro garaje para que cuando retornara de viaje mi padre
se encontrara con la sorpresa de tener su Falcon. Mi padre volvió de
Rosario en ese interim, pasó por casa cuando justo traían el auto, la
persona de la Concesionaria que venía con el auto tuvo que esperar a una
cuadra hasta que mi padre saliera de casa a llevar el camión a la empresa
donde trabajaba. Cuando mi padre se fue a llevar el camión, entraron el
Falcon al garaje.
A
la media hora volvió mi viejo en su bicicleta, como siempre hacía cada vez
que llegaba de viaje, al entrar al garaje a dejar la bicicleta vio el
Falcon, pregunto de quien era y cuando le dijimos que era de él no nos creyó,
después estuvo un buen rato llorando de felicidad el viejo.
El
sueño se cumplió, mi viejo tenía su Falcon.
A
partir de ahí el Falcon pasó a ser a mi criterio el auto mas cuidado del
mundo, tanto había soñado con él que mi padre lo tenía igual a un 0Km.
Cuando llovía no salía en el auto, si era calle de tierra trataba de
buscar una asfaltada para que no “se llene de tierra el auto”, si en las
calles había pozos o piedras las esquivaba “para cuidar las gomas” me
decía.
De más está decir que nadie mas que él le cambiaba el aceite, no
confiaba en nadie para que le tocara algo tan delicado como es el aceite
para el motor. Si se necesitaba hacer algo en el auto no iba a un mecánico,
iba a la concesionaria Ford donde lo compró y solo ponían en el auto
repuestos originales.
Hicimos
algunos viajes, pero mayormente se usaba en Oncativo, jamás tuvimos algunos
de lo inconvenientes que habíamos tenido con los autos anteriores.
Me
enseñó a manejar con un camión cargado, yo tenía 16 años, pero cuando
le decía que me prestara el Falcon me decía “ya vamos a ver”, lo manejé
muy poco.
Así
entre cuidados llegamos a 1987, el precio del combustible ya hacía que se
usara el auto bastante poco, el Falcon tenía ya 16 años, salvo algún
detalle de posible oxido en un zócalo, el auto estaba igual a un 0Km. La
decisión de irnos a Córdoba, sumado a que ya no se podía usar por el
costo del combustible, la enfermedad de mi padre que a veces no le permitía
manejar, se decidió vender el Falcon. Apareció un comprador de la
localidad de Luque y pagó 5000 Australes por el auto. Tenía 17 años y no
recuerdo ese día, me arrepentiria toda la vida de haber dejado ir al
Falcon.
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